
Todos hemos oído hablar de Farinelli, pero ninguno le hemos podido escuchar, y es una pena porque el mozalbete tenía un registro vocal ciertamente sorprendente de más de tres octavas. Ya de niño sorprendía a todos por su modo de cantar, así que en cuanto cumplió los ocho años, el padre le envió al castrador para triunfar en el mundo de la música (¡quién me mandaría haberme puesto a cantar!, debió de pensar mientras le arrancaban para siempre su burdo rumor). Recién capado se le envió al conservatorio para convertirlo en un hombre de provecho. Allí entró Carlo Broschi y de allí salió Farinelli, sobrenombre que él mismo eligió. Sus arreglos vocales a composiciones clásicas sorprendieron a los eruditos y a los quince años comenzó a actuar por el sur de Italia, normalmente representando papeles de mujer. En todas sus actuaciones cosechó un éxito inusitado y continuó su tour por el norte de Italia, Austria, Londres y Francia, hasta que por fin, llegó a España, donde comienza la historia que demuestra que Farinelli fue el primer walkman de la historia. Llegó a España de visita, pero, cual Monsieur Sans-Délai, acabó viviendo en nuestra tierra más de veinticinco años. Resulta que el rey Felipe V padecía una gran depresión, así que trataron de curarla con los cantos del chaval. El caso es que funcionó: todas las noches, Farinelli subía a la habitación del rey a cantar sus canciones favoritas. Claro que si hubiese habído mp3, las cosas hubiesen sido de otro modo. Con tanto contacto con la realeza, el Fari (¿de qué me suena a mí eso?), acabó por acumular gran poder y riqueza, fama y fortuna: director de varios teatros, caballero de la orden de Calatrava. Parece ser que también tuvo una relación con un tal Manolo, alumno suyo. Al llegar al trono Carlos III (con aire insigne se quitó el sombrero) regresó a Bolonia para dedicarse a la composición (sí, también componía), a la ejecución (sí, también tocaba) y al ocio (sí, también se divertía, aunque poco, parece ser). Fue un hombre religioso, con grandes amigos y conocidos (Mozart fue uno de ellos) y muy querido. Vivió rodeado de perros, gatos y otras mascotas. Se convirtió en vegetariano y se dedicó a la beneficencia en sus últimos años. Parece ser que tuvo una relación con el poeta italiano Metastasio: se vestían igual y se hacían pasar por gemelos. Todos hablaban bien de él, incluso antes de su muerte: fue una persona sencilla, a pesar de su poder; humilde, a pesar de ser un genio; caritativo, a pesar de tener motivos para vengarse del mundo; discreto, a pesar de saber más de lo que era prudente; no se le conocieron vicios, y siempre cuidó su figura (ya sabemos que los castrados tienden a engordar, cosa que no deseaba). Falleció en Boloña y allí permaneció enterrado hasta que las tropas de Napoleón arrasaron el terreno. Hoy se han descubierto los restos de alguien que pudo ser Farinelli, pero se sigue investigando.