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El año pasado, la compañía de cómics Marvel lanzó el evento de Civil War, una guerra entre superhéroes a causa del acta pro-registro (que obliga a los enmascarados a registrarse y desvelar sus identidades secretas). El caso es que el eslogan era una frase de Benjamin Franklin “Quienes renuncian a su libertad por seguridad, no merecen ni libertad ni seguridad”. El caso es que el hombre de la cara de los billetes de cien dólares fue un tipo muy curioso. Para empezar tuvo dieciséis hermanos y no es que tuviera una feliz infancia: a los diez añitos su padre le sacó del colegio y le llevó a trabajar con él a la fábrica de velas y jabones. Pasó allí algún tiempo hasta que decidió probar otros oficios, entre ellos marino, carpintero, albañil, tornero hasta que su hermano James le enchufó en la imprenta que tenía. Allí le entró la vena poética, pero pronto su padre le quitó la idea de la cabeza. Así que en lugar de poesía comenzó a escribir ensayo, y aprovechando que su hermano acababa de fundar un periódico cambió el trabajo de imprenta por el de articulista político. Por fin, a los dieciocho publica su primer libro de ensayo “Disertación sobre la libertad y la necesidad, sobre el placer y el dolor”. Efectivamente el tiempo es relativo: a unos se les estira y a algunos se nos encoge. Pero, claro si tu filosofía de vida es “¿Amas la vida? No desperdicies el tiempo porque es la sustancia de la que está hecha”, pues entonces se entiende mejor. Y esto es sólo el principio. A los veintiún años fundó un club de intelectuales, montó su propia imprenta y consiguió el contrato en exclusiva para imprimir papel moneda en las colonias británicas de América, lo que le reportó pingües beneficios. Cual ciudadano Kane, compró un periódico con sólo veintitrés años y al año siguiente se casó. A los veinticinco tuvo su primer hijo, se hizo masón y fundó una biblioteca. Entonces se metió en política y a los treinta fue elegido miembro de la asamblea general de Filadelfia. Por esas mismas fechas había fundado el primer cuartel de bomberos de la ciudad. Quizás por no haber podido estudiar de joven, ahora Benjamin se había convertido en un devorador de conocimientos: estudió todo lo que tuvo a su alcance, principalmente ciencia y filosofía. A los treinta y siete fue elegido presidente de la sociedad filosófica estadounidense y un año después presenta uno de sus primeros inventos, la moderna y segura chimenéa metálica a los que siguen las lentes bifocales, los humidificadores para estufas y chimeneas, las aletas de nadador, la armónica de cristal o el pararrayos. El secreto era aprovechar la situación: estando su hermano John enfermo de cálculos renales inventó el primer catéter flexible. También fue el primero en describir la corriente del golfo. Con tanto ajetreo, y llegando a los cuarenta, Benjamin decidió comenzar a escribir su autobiografía. Allí descubrimos cómo comenzó a interesarse por los fenómenos eléctricos al tiempo que organizaba las milicias para defender Pensilvania y cómo unos años más tarde era elegido miembro negociador con los indios nativos. Continuó fundando una Universidad por aquí, un hospital por allá hasta que un día decidió realizar un experimento para comprobar la electricidad de las nubes. Ató a una cometa una cucharilla de metal para comprobar si se cargaba y de ahí lo del pararrayos. Pero Benjamin seguía ascendiendo: a los cincuenta le eligieron miembro de la Royal Society y no mostraba síntomas de que su curiosidad mermase: siete años más tarde se propone mejorar el sistema postal de EEUU e inventa el cuentakilómetros. Son famosas sus contribuciones en sus últimos años a la declaración de Independencia de EEUU, el tratado de París que ponía fin a la guerra o la redacción de la constitución de los EEUU. Trató de impulsar la abolición de la esclavitud hasta que a los ochenta y cuatro años falleció de pleuritis. Quizá su mejor frase sea aquella de "Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como hayas muerto, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse."
10 comentarios:
Jo, en ese retrato parece el primo hermano de Fraga!
¡Hola!
Pues... Es el resumen de una vida bastante completa; tanto en vivencias como en aportes.
Creo que es de él el dicho que reza: "Presta dinero a tu enemigo y lo ganarás a él; préstalo a un amigo y lo perderás".
Nada más cierto...
Saludos
Eso de "Antes de morir escribe algo digno de leerse" es una cruel ironía para mi, jeje, que muchísimo antes de nacer ya había escrito cosas dignas de leerse que nadie ha leido y, mucho menos, publicado. Me ha caído un poco mal este hombre, mira, ja ja.
Que va, cojonudo.
Y todo eso para luego aparecer en los billetes de 100 $ ..., no está mal, no; es más, yo diría que con unos cuantos de esos cualquier país mejoraría, y tanto que sí.
Hay que reconocer que hizo muchísimas cosas en su vida. Este hombre no tuvo tiempo para aburrirse.
http://laslucesdeagosto.wordpress.com
Tu blog está muy cool!
Suerte!
Ginebra: pues ahora que lo dices...
Carilisve: Ingenioso era un rato. También es de él la frase aquella de "las visitas son como el pescado, a los tres días apestan" :-)
Peterpsych: Pues a nosotros nos cae también muy mal, y es que menudo ritmo de vida... :-)
Yahuan: ¿con unos cuantos billetes o con unos cuantos Benjamines? :-)
Ibb: Y tanto, sólo se aburren los idiotas :-)
Valentín: Gracias por la visita. Un saludo.
"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como hayas muerto, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse."
La mejor frase que he leído en mucho tiempo.
¡Inventor del cuentakilómetros! para mejorar la entrega de las cartas. Un genio.
Saludos cordiales
Este tio lo mismo valía para un roto que para un descosido... fue algo así como un Leonardo de los tiempos modernos. Tiene mi voto para este mes.
Un saludo.
Oiga, pues a nosotros ya nos gustaría saber cómo carajo montó esa imprenta tan alegremente... porque lo que es ultimamente, no hay forma :P
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