martes 19 de febrero de 2008

Demóstenes

Ahora que estamos en temporada de elecciones os traigo a un genial orador, si acaso el mejor que jamás haya existido (Longino, Ciceron o Quintiliano et al. dixit). Su padre fue un rico empresario ateniense que poseía una fábrica de armas así que de niño no le faltó de nada. Lamentablemente sus padres fallecieron pronto, y a los siete años quedó al cuidado de unos tutores algo jetas que se quedaron con su sustanciosa herencia, dejando al chaval sin recursos económicos. Por aquella época, las artes políticas estaban muy de moda y el joven Demóstenes pensó que dominando el arte de la justicia (que implicaba la oratoria y la retórica) recuperaría lo que era suyo. Sin embargo contaba con un gran hándicap: pronunciaba la erre al estilo Cortázar, lo que le supuso que sus compañeros de colegio se mofasen de él. Así que, ni corto ni perezoso comenzó a ejercitar su arte, se encerró en una habitación bajo tierra que se había construído y se puso a estudiar ya estudiar. Ejercitaba su dicción hablando con piedras en la boca, recitando mientras corría o tratando de mantener un tono constante y elevado de voz practicando en ambientes con mucho ruido. Por fin, cuando se sintió preparado llevó a juicio a sus tutores y consiguió recuperar parte de su herencia. Pensó que ese oficio sería una buena forma de ganarse la vida y comenzó a defender a otras personas, sobre todo a gente rica y poderosa. Así llegó a los treinta años, hasta que comenzó a meterse en política, principalmente a causa de la expansión de Macedonia, con Filipo a la cabeza, a quien dedicó sus famosas Filípicas donde se despachó a gusto con el rey macedonio. Demóstenes había encontrado su objetivo: derrocar a Filipo por medio de la oratoria, cosa que no sólo no consiguió, sino que le supuso innumerables problemas. Pero no fue Filipo su única preocupación. Esquines, otro orador con quien se había ido creando un cierto antagonismo le atacaba constantemente: que si no trataba bien a los efebos que se pasaba por la piedra, que les obligaba a fecundar a su mujer, que no les controlaba sexualmente o que tenía maneras afeminadas. De igual modo le atacaban por asuntos económicos algo turbios: que les sacaba los cuartos a los jóvenes con los que yacía o que vendía sus argumentos al abogado de la parte contraria a la que él mismo defendía. A los treinta y tantos fue nombrado embajador, con tal mala suerte que tuvo que acudir a una negociación con Filipo, a quien había estado tocando la moral desde hacía tiempo, y al llegar y verle en persona, cuentan que se desmayó. Cuando estalló la guerra, Demóstenes, al no tener rango militar fue enviado como soldado raso, y cuentan de él que durante la batalla “su comportamiento no estuvo a la altura de sus discursos”. Que cada cual lo interprete a su modo. Al morir Filipo, Alejandro expulsó de Atenas a todos los anti-macedonios, entre los que se encontraba Demóstenes. A Alejandro le sucedió Antípatro y Demóstenes regresó a Atenas para continuar con sus invectivas contra los macedonios, hasta que se convirtió en una incómoda ladilla para el gobierno, lo que provocó su orden de busca y captura. Demóstenes se refugió entonces en un santuario, donde fue descubierto y antes de que le detuviesen se suicidó tomando un veneno. El pueblo ateniense le erigió una estatua en la que se leía: “Si hubieras sido para Grecia tan fuerte como sabio, los macedonios no la habrían conquistado”. Y es que a veces vale más fuerza que maña.

10 comentarios:

Ginebra dijo...

Um... lo que siempre había pensado: era un plasta.

Noozia dijo...

Prubin Demy... todo el mundo metiendose con él... hasta le hacen una estatua y se siguen metiendo con él... el pobre seguro que lloraba por las "esquines"... estos griegos...

Carilisve dijo...

¡Hola!
Demagogóstenes será...

Lupita dijo...

A mi me parece que Max tiene una predilición por los griegos antiguos............
un saludo
Lupita

antoniomanuel dijo...

¿Quién sería el chismoso que se dedicaba a airear las intimidades de estos personajes,en una época, como la griega clásica, en la que no había programas basura? En fin, la maledicencia ni tiene épocas ni medios especiales, sirve la lengua y el boca oreja.
Esto sí que es conocer la intrahistoria, y, además, escrito con gracia. Gracias.

PeterPsych dijo...

Claro, siempre es mas fácil darle a la sinhueso (la de arriba) que hacer de extra en 300!

Ray dijo...

La verdad, como orador sería buenísimo, pero...¡que manera de meter la pata!, meterse con Filipo y luego ser embajador y negociar con él. Dilomático no era mucho que digamos
Saludos cordiales

IBB dijo...

A mí lo que siempre me ha chocado de los antiguos griegos pudientes es que se pasaban la vida viajando de aquí para allá, y que en cuestiones de política a la mínima se exiliaban.
Y hoy vemos políticos plastas que no se van ni a tiros.

pescador dijo...

buen oficio el de trabalenguas, repercutir en el pulpito, en el senado , en la corte, el las murallas empapadas de palabras en defensa de los ricos... hay que mannosa lengua la de este difunto!
abrazos!

MAX Y LULA dijo...

Ginebra: sí, pero por lo menos era buen orador ¿no?

Noozia: ja, ja... por las esquines, muy bueno...

Carilisve: Hoy estáis todos muy ingeniosos ¿eh? Genial...

Lupita: A mi me gusta tooo...

Antoniomauel: Me limito a seguir el ejemplo de Caro Baroja ¿no?

Peterpsych: sobre todo porque a ver cómo te haces vitual así de pronto :-)

Ray: es lo que pasa conla especialización, que uno puede ser bueno en algo y estropearlo por otro lado :-)

Ibb: Y no estaría de más que algunos aprendieran algo de oratoria pues menudo debates que hay que ver...

Pescador: sí y eso que verba volent :-)

Muchos abrazos a todos :-)

¡Salud y rock 'n' roll!