De Dionisio se sabe poco, pero por lo poco que se sabe, no cabe duda de que debió de ser todo un personaje. Este monje, fue el responsable, entre otras cosas, de que hoy nos encontremos en el año dos mil ocho. De profesión matemático, el apodo de 'Exiguo' le viene por su corta estatura. Falleció poco antes de cumplir los ochenta años, lo cual era una longevidad considerable para la época. Por aquel entonces cada cual tenía su propio calendario, su modo de contar el tiempo histórico. Unos contaban a partir de la fundación de Roma (ab urbe condita). Otros (los coptos de Egipto aún lo hacen) lo hacían a partir de la llegada al trono del emperador Diocleciano. Nosotros, los españoles también teníamos nuestro propio calendario, el de la era Hispánica, cuyo año I era el 38 a.c., que adoptaron los reyes godos (este calendario se empleó hasta el 1180, cuando que en el concilio de Tarragona se impuso la era cristiana). Por otro lado estaba el calendario judío, que no coincidía con el juliano (el romano) en fechas tan señaladas como la Pascua, y eso no podía ser, así que, ni corto ni perezoso, el papa Juan I le encargó a Dionisio que pusiera en orden todo aquello. A partir de tablas cronológicas, otros documentos y la pura deducción estableció el nacimiento de Cristo el uno de enero del 754 ab urbe condita (ahora se sabe que el nacimiento no fue ese año sino cinco años antes). Y pensó que sería buena idea establecer ese día como el primero de la era cristiana. Para los años anteriores la cosa estaba clara: se contaba hacia atrás. Pero se olvidó del cero en sus cálculos, que por aquel entonces no se conocía, motivo por el que pasamos directamente del año -I al I (...). Respecto del día del nacimiento del llamado Rey de los judíos también hay una historia: resulta que tres siglos antes de Dionisio se estableció de modo artificial esa fecha para que coincidiese con la del dios pagano Mitra. Y Dionisio se lo tragó. Los primeros en aceptar el sistema propuesto por Dionisio (a.D., anno Domini) fueron los ingleses, mientras que en Roma se sigió adoptando el romano hasta el siglo IX. Los retoques finales al calendario que nos ocupa los dió el papa Gregorio XIII, eliminando diez días para cuadrar las cuentas, lo que dio origen a los años bisiestos, entre otras cosas. Hoy es el calendario vigente en casi todo el mundo occidental.