jueves 28 de febrero de 2008

Jean-Baptiste Lully


Yo no sé para qué se molestan los padres en poner nombres pues no sé si os habéis fijado que casi siempre tengo que comenzar el post comentando que el nombre que aparece en realidad no es el verdadero. En este caso, parece ser que al retoño le llamaron Giovanni Battista, nombre que después trasladó a la versión francesa. El niño nació en Italia pero desarrolló su carrera en Francia, donde vivió desde los once añitos. Eso lo explica. Pues el chavaluco entró a trabajar como ayudante de cámara de una mademoiselle interesada en el idioma italiano. Allí tomó contacto con la música y la danza: aprendió a tocar el violín y a ejecutar el pas de deux hasta que a los trece años entró a formar parte de una orquesta. Lully aprendía rápido y mejoraba a cada paso hasta que a los veinte años consiguió dirigir una de las orquestas del rey Luis XIV, con quien acabó por enablar amistad (dicen que algún bailecito se echaron juntos). Su ambición no tenía límites, como suele decirse, y un año más tarde fue nombrado primer compositor de la corte, compositor de cámara y, no os lo perdais, superintendente real de la música (quiera lo que quiera decir). De tal modo, se puso manos a la obra y comenzó a componer ballets y óperas convirtiéndose en el dueño del cotarro musical y no solo musical: un matrimonio afortunado le granjeó nuevos méritos ante el rey, quien le otorgó el poder de dar el visto bueno a las composiciones del resto de músicos de la corte. Colaboró con Moliere (tú la letra y yo la música) y tuvo gran éxito. Su carrera meteórica le llevó a convertirse en el director musical de la familia real con tan solo treinta años y durante los siguientes años se hizo el mandamás de la música en toda Francia: todo pasaba por sus manos, todo debía someterse a su aprobación. Pero no todo fue trabajo y valía: se cuenta que a los cuarenta, queriendo llegar a lo más alto, compró el puesto de director de la Academia de la Música de Francia (Académie royale de musique), y de igual modo un título de nobleza. Su fortuna llegó a ser muy considerable. Por fin, alcanzando los cincuenta obtuvo uno de los puestos más codiciados, el de secretario del rey. Ya sólo le quedaba entrar en la familia real, pero ya no pudo ser, pues mientras dirigía a la orquesta se golpeó el pie con el bastón de mando (una pesada barra de hierro con la que se marcaba el compás) y falleció de la gangrena que le produjo la herida que se infectó. Supongo que por eso más tarde a alguien se le ocurrió inventar la inocua batuta. Tanto correr y tanto ascender para terminar así...

martes 19 de febrero de 2008

Demóstenes

Ahora que estamos en temporada de elecciones os traigo a un genial orador, si acaso el mejor que jamás haya existido (Longino, Ciceron o Quintiliano et al. dixit). Su padre fue un rico empresario ateniense que poseía una fábrica de armas así que de niño no le faltó de nada. Lamentablemente sus padres fallecieron pronto, y a los siete años quedó al cuidado de unos tutores algo jetas que se quedaron con su sustanciosa herencia, dejando al chaval sin recursos económicos. Por aquella época, las artes políticas estaban muy de moda y el joven Demóstenes pensó que dominando el arte de la justicia (que implicaba la oratoria y la retórica) recuperaría lo que era suyo. Sin embargo contaba con un gran hándicap: pronunciaba la erre al estilo Cortázar, lo que le supuso que sus compañeros de colegio se mofasen de él. Así que, ni corto ni perezoso comenzó a ejercitar su arte, se encerró en una habitación bajo tierra que se había construído y se puso a estudiar ya estudiar. Ejercitaba su dicción hablando con piedras en la boca, recitando mientras corría o tratando de mantener un tono constante y elevado de voz practicando en ambientes con mucho ruido. Por fin, cuando se sintió preparado llevó a juicio a sus tutores y consiguió recuperar parte de su herencia. Pensó que ese oficio sería una buena forma de ganarse la vida y comenzó a defender a otras personas, sobre todo a gente rica y poderosa. Así llegó a los treinta años, hasta que comenzó a meterse en política, principalmente a causa de la expansión de Macedonia, con Filipo a la cabeza, a quien dedicó sus famosas Filípicas donde se despachó a gusto con el rey macedonio. Demóstenes había encontrado su objetivo: derrocar a Filipo por medio de la oratoria, cosa que no sólo no consiguió, sino que le supuso innumerables problemas. Pero no fue Filipo su única preocupación. Esquines, otro orador con quien se había ido creando un cierto antagonismo le atacaba constantemente: que si no trataba bien a los efebos que se pasaba por la piedra, que les obligaba a fecundar a su mujer, que no les controlaba sexualmente o que tenía maneras afeminadas. De igual modo le atacaban por asuntos económicos algo turbios: que les sacaba los cuartos a los jóvenes con los que yacía o que vendía sus argumentos al abogado de la parte contraria a la que él mismo defendía. A los treinta y tantos fue nombrado embajador, con tal mala suerte que tuvo que acudir a una negociación con Filipo, a quien había estado tocando la moral desde hacía tiempo, y al llegar y verle en persona, cuentan que se desmayó. Cuando estalló la guerra, Demóstenes, al no tener rango militar fue enviado como soldado raso, y cuentan de él que durante la batalla “su comportamiento no estuvo a la altura de sus discursos”. Que cada cual lo interprete a su modo. Al morir Filipo, Alejandro expulsó de Atenas a todos los anti-macedonios, entre los que se encontraba Demóstenes. A Alejandro le sucedió Antípatro y Demóstenes regresó a Atenas para continuar con sus invectivas contra los macedonios, hasta que se convirtió en una incómoda ladilla para el gobierno, lo que provocó su orden de busca y captura. Demóstenes se refugió entonces en un santuario, donde fue descubierto y antes de que le detuviesen se suicidó tomando un veneno. El pueblo ateniense le erigió una estatua en la que se leía: “Si hubieras sido para Grecia tan fuerte como sabio, los macedonios no la habrían conquistado”. Y es que a veces vale más fuerza que maña.

viernes 8 de febrero de 2008

Bruno Traven

Antes de nada, he de agradecer a gheorghe que mencionase a este fascinante personaje del que ni siquiera conocemos a ciencia cierta su nombre real. Tampoco sabemos casi nada sobre los primeros veinte años de su vida, y poco más del resto pues Bruno puso todo su empeño en ocultar su imagen pública. Parece ser que fue escritor (y digo parece ser porque hay quien cree que en realidad fue un millonario que juntó a un grupo de gente para que escribiese los libros que firmaba). Su novela más conocida es El tesoro de Sierra Madre, de la que John Houston realizó una adaptación para el cine. Se cuenta que Houston no llegó a conocer a Traven pues éste le había enviado a un agente literario para que negociase con él. Pero del mismo modo, también se dice que el agente era Traven disfrazado y bajo seudónimo. El asunto de los seudónimos que utilizó el menda trae también cola: Hermann Albert Otto Max Feige, Hal Croves, Bernhard Traven Torsvan, Ret Marut (o Maruth). Éste último se lo puso a los treinta y cinco, cuando comenzó a publicar y a escribir en su revista de signo anarquista, Der Zielgelbrenner. Siguió publicando durante unos cuantos años y después se hizo marino (lo que le sirvió de inspiración para su novela El barco de la muerte). Al fin llegó a México donde pasaría el resto de su vida. Allí estudió arqueología maya, entró en contacto con la revolución Mejicana y trabajó en compañías petroleras (ésto último se deduce de su obra Rosa Blanca). Como veis, toda su vida es un “parece ser”. Ni siquiera su nacimiento está claro: ¿era hijo de inmigrantes alemanes que regresaban a su tierra? ¿era hijo de inmigrantes suecos? ¿nació en Chicago? Hay versiones para todos lo gustos (en esto recuerda un poco a Castaneda ¿verdad?). Pasaron los años mientras continuaba enviando sus obras desde Méjico hasta que a los setenta y siete dejó de publicar con motivo de su fallecimiento. Sus amigos, entre los que se encontraban relevantes figuras de la cultura como Frida Khalo, lloraron su muerte y sólo ellos conocieron la verdadera historia de este personaje. Como curiosidad, os cito algunas personas de las que se ha dicho que podían haber sido Traven: Jack London, Ambrose Bierce, un esclavo africano, el presidente mejicano Adolfo López Mateos o un grupo izquierdista de guionistas de Hollywood entre otros. Lo cierto es que Traven rechazaba la fama tanto como la crítica, lo que se refleja en una de sus mejores frases: The creative person should have no other biography than his works. Hoy todavía quedan obras de Traven por traducir.